El incendio que apagó la confianza

Mientras los incendios destruyen viviendas y territorios, también se desmorona algo más profundo. La confianza en las instituciones se debilita, la sociedad civil se moviliza y la urgencia de repensar cómo enfrentamos el riesgo en Chile se vuelve ineludible

Las llamas que arrasaron con Punta de Parra, Lirquén y Penco no solamente destruyeron casas, cerros y bosques. También se llevaron consigo algo que ya venía tambaleando desde hace tiempo. Hablamos de la confianza, esa que antes  depositamos en las instituciones, en las autoridades y en los protocolos que, en teoría, estaban ahí para protegernos.

Porque mientras miles de personas escapaban de sus casas con lo puesto, mientras el fuego llegaba al mar, la primera respuesta no vino del Estado, sino de la gente. De vecinos, fundaciones, cuentas de Instagram, colectas por redes sociales. La ayuda llegó antes por TikTok que por la institucionalidad.

Eso no es casual. Es un síntoma grave.

La sociedad civil en Chile siempre ha tenido una capacidad enorme de respuesta. Y eso es algo admirable. Pero también es un reflejo de que el Estado, una y otra vez, llega tarde, llega mal, o no llega. Y eso agota. Porque claro, la gente se organiza, se activa, entrega lo que tiene, reparte pan, agua, frazadas. Pero no puede hacerlo todo. Y no debería tener que hacerlo todo.

No es justo que la capacidad de enfrentar un desastre dependa de cuántos seguidores tiene quien organiza la ayuda, o de si tu comunidad o JJVV tiene más redes que otra. La solidaridad no reemplaza a la política pública. Lo que se necesita es previsión, gestión, coordinación. No solo vocerías en la tele cuando ya es tarde.

Desde la sociología, este fenómeno tiene una explicación coherente. Niklas Luhmann plantea que, en muchas veces, los sistemas sociales no logran comunicarse entre sí. El sistema político, el técnico, el económico y el comunicacional avanzan cada uno por su cuenta, sin coordinación real. En contextos de emergencia, esta desconexión se vuelve crítica, ya que la información no fluye, la ayuda se traba y las decisiones se retrasan. Todo funciona más lento de lo necesario, justo cuando el tiempo es lo más urgente.

Y Ulrich Beck lo advertía que los riesgos ya no vienen “de afuera”. No son cosas naturales que simplemente “pasan”. Son el resultado de nuestras propias decisiones como sociedad. Si se levantan casas en zonas de riesgo, si se acumulan residuos forestales y no se permite quemarlos a tiempo, si no hay planificación urbana real… lo que viene no es sorpresa. Es consecuencia.

El problema no es el fuego. Es lo que hicimos o no hicimos antes de que comenzara.

Y el otro problema es que, cuando todo se desborda, el Estado muchas veces bloquea más que ayuda. No permite acciones preventivas, como las quemas controladas de residuos forestales que en 2025 fueron solicitadas por CORMA para evitar exactamente lo que ocurrió en el Gran Concepción. La advertencia fue clara: si no se limpiaban los cerros, el riesgo de incendio era inminente. ¿Qué pasó? No se autorizaron, porque los permisos ambientales (aunque importantes) se volvieron un obstáculo sin sentido común. El resultado fue que esos cerros se convirtieron en un polvorín.

Y así, una medida que podría haber evitado parte del desastre, quedó atrapada en la trampa burocrática. No hubo capacidad de anticiparse. No se escucharon las alertas. Y cuando el fuego llegó, la reacción volvió a ser tarde, reactiva y descoordinada.

Porque muchas veces, cuando más se necesita al Estado, el Estado aparece con un comunicado, no con una solución.

Mientras tanto, la sociedad civil se activa. Pero también se cansa.

Y cuando eso se vuelve normal, cuando asumimos que la solución va  a venir de una influencer y no del sistema de protección oficial, entonces ya no estamos solo ante un incendio. Estamos ante una fractura social profunda.

Reconstruir las casas va a tomar tiempo. Pero reconstruir la confianza, ese vínculo básico entre instituciones y personas, va a tomar aún más. Y no hay colecta que lo solucione.

El desastre empieza con la desconfianza.

Y termina cuando entendemos que la emergencia no es solo una crisis climática. Es también una crisis de organización, de responsabilidad, y de cómo nos cuidamos o no como país.

Por Loreto Kemp

Enero 2026

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Corma Es una asociación gremial chilena que reúne a más de 160 actores del sector forestal, la industria basada en recursos renovables más importante del país.

 

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