Conóceme

Loreto Kemp: Liderazgo social y político desde el sur

Quién soy y cómo aprendí a empujar cambios

Soy Loreto. Mamá de tres, nacida y formada en el sur y marcada por una convicción simple: el liderazgo no se hereda ni se declara, se ejerce. Desde chica fui scout y ahí aprendí algo que sigue guiando mi forma de estar en el mundo: trabajar en equipo, asumir responsabilidades y no mirar para el lado cuando hay un problema.

Me gusta leer sociología, política y neurodivergencias. Disfruto las conversaciones profundas, la música —The Beatles, Nirvana, Guns N’ Roses, el rap—, mis amigas, mis amigos y también mis espacios de silencio. Quienes me conocen me describen como leal, justa y apasionada. Yo agregaría algo más: soy persistente. Cuando tengo claro el objetivo, avanzo sin distraerme con el ruido.

Mi vínculo con el autismo no me llevó a la denuncia, sino a la acción. En el camino entendí que muchos problemas que parecen individuales son en realidad fallas estructurales. Y que si no se empujan cambios desde una mirada colectiva, nada se mueve.

Por eso asumí un rol activo en la organización de familias y organizaciones a nivel territorial y nacional. No para sobresalir, sino para ordenar, unir y dar dirección. Junto a mujeres con una enorme vocación pública —Mariluz, María Fernanda, Chantal y Jacqueline— conformamos la Mesa Interregional por la Ley de Autismo (MILA) y fuimos impulsoras de la Ley de Autismo en Chile.

Ese proceso fue exigente, técnico y profundamente político. Transformamos experiencia de vida en propuesta legislativa, articulamos territorios, construimos acuerdos transversales y logramos una ley con presupuesto, respaldo amplio y un marco de derechos que antes no existía. No fue épica ni improvisación: fue trabajo serio y persistente.

La Ley de Autismo es un punto de partida. Hoy el desafío es su implementación, cambiar prácticas, enfrentar inercias y asegurar que los derechos se traduzcan en realidad. Ese aprendizaje marcó mi forma de entender el cambio social: sin política, los avances no se sostienen.

Por qué decidí dar el paso a la política

Después de todo lo que viví impulsando la Ley de Autismo, entendí algo muy simple: cuando uno quiere que las cosas cambien de verdad, no basta con reclamar ni con empujar desde afuera. Hay que hacerse cargo y meterse donde se toman las decisiones.

No entré a la política porque me gustara la política. Entré porque me cansé de ver cómo muchas familias quedan solas, esperando respuestas que no llegan, mientras otros deciden por ellas sin conocer su realidad.

Creo en algo básico: que todos partamos con las mismas oportunidades. Que ningún niño quede atrás por su origen, por una discapacidad o por falta de apoyo. Y también creo que el esfuerzo importa, pero solo cuando la cancha está pareja. Si no, hablar de mérito es injusto.

Pero también creo profundamente en el diálogo y en escuchar. En sentarse a conversar, incluso con quienes piensan distinto. Muchas de las cosas que logramos con la Ley de Autismo fueron posibles porque supimos escuchar, construir confianza y llegar a acuerdos. Sin gritos. Sin pasar por encima de otros.

Por eso para mí los niños van primero. No como frase bonita, sino como una convicción profunda. Lo que no hagamos a tiempo por ellos, después es tarde.

Elegí ChileVamos porque encontré un espacio donde esta forma de mirar la vida y los problemas tenía cabida: donde se puede creer en las personas, en las familias y en la comunidad, sin dejar de exigir un Estado que responda cuando tiene que responder. No creo en un Estado que abandona, pero tampoco en uno que reemplaza todo.

Desde ahí hago lo que hago. Con sentido común, escuchando, dialogando y con la convicción de que las decisiones públicas tienen que parecerse más a la vida real de las personas.